En la piel de los otros – C.R.C.

Cuando lo levanté lo tuve claro, aquel tablón de madera del sótano era muy sospechoso, siempre había dudado de él desde que nos mudamos pero nunca me había atrevido a levantarlo. Hace 3 días empecé a investigar por la casa y no había mejor sitio para investigar que por el sótano, ¡Era el sitio perfecto! No tenía ni la menor idea de lo que me podía encontrar allí, me comía la intriga de saber si podría encontrar un juego mágico como en la película de jumanji o el caso de haber muebles antiguos con un valor que yo mismo no podría imaginar.

Subí al sótano, miré y miré pero se podía decir que no había nada con gran importancia, había muebles y más muebles recubiertos de polvo, pero de repente me acuerdo de aquella madera sospechosa que vi la primera vez que subí. Tan orgulloso de mi, me acerqué a la madera y segundos antes de levantarla se oye un crujido, ¿Qué típico no?, me entró un escalofrío por las piernas y en ese momento se me vinieron muchas cosas a la mente, la mayoría tan estúpidas como: ¿Y si hay un asesino aquí? ¿Será un fantasma que se está vengando por haber entrado en su sótano? A lo mejor le he despertado de su siesta. Me relajé y pensé en lo que me dijo un  día mi madre: “Si algún día estas solo y sientes miedo, el mejor remedio es cantar, te hará estar seguro de ti mismo”. Y eso hice, empecé a cantar todas mis canciones favoritas entre ellas  estaba ‘Pequeña gran revolución’. Cuando ya vi que estaba relajado, levanté la madera.

Debajo de la madera había un hueco con un libro muy bonito dentro, cuando vi que lo que había ahí era un libro me quedé bastante decepcionado, para qué quería yo ese libro. Lo guardé en una caja de cartón que hay en mi cuarto y no volví a leerlo hasta que ayer. Ayer me aburría demasiado, me aburría con el ordenador, con la tablet, con el móvil… ¡Llegué a pensar que cada minuto era una hora¡ Así que la única solución era dormir, me fui a mi cuarto, me tumbé en la cama y me puse a mirar el techo; en uno de esos movimientos que hice para tumbarme mis ojos miraron hacia la caja en la cual tenía el libro que encontré ayer. Me pensé dos veces si quería cogerlo o no debido a la pereza que me daba levantarme (algo normal en mi). Finalmente me levanté y cogí el libro de la caja de cartón. Mi primera impresión del libro era la cantidad de polvo que podría tener el libro encima, cogí un trapo húmedo y le limpié todo el polvo. Me quedé fascinada cuando me di cuenta de lo bonito que era el libro, tenía un tacto de cuero extraño, era de cuero con dibujos tallados sobre él. Procedí a abrirlo para saber sobre que va el libro ya que por fuera no tenía ningún título ni nada escrito, hasta que lo abrí y me di cuenta de que no era un libro cualquiera si no un diario de una persona que vivió en esta casa. Toda mi tarde y se basó en ese diario en el cual una niña llamada Clara explicaba sus días, lo que más me pudo sorprender de ella era que lo escribía todo, no se le olvidaba detalle.

En el diario, más o menos por la mitad, Clara empieza a contar la mala situación de sus padres, un día despiden a su padre del trabajo, otro día despiden a su madre y empiezan a tener dificultad para vivir. Clara no va al colegio en el que estaba antes ya que sus padres necesitaban que ella ayude en casa mientras que sus padres mendigaban por la calle, en el diario ella cuenta que se siente sola, no puede salir con sus amigos ya que apenas tiene ropa para vestirse ni zapatos que ponerse, ella se apañaba con un par de calcetines con los que anda  por la casa. Tenían la suerte de que su abuela, su única abuela, le paga la luz y  el agua para poder vivir. Pero aún así ellos siempre seguían diciendo: “Nos tenemos los unos a los otros y tenemos la suerte de estar juntos” .

En ese momento aparto la vista del diario, mis  ojos empiezan a llenarse de lágrimas  y empiezo a pensar en todas las cosas que tenemos, Clara no necesitaba un ordenador o una tablet para divertirse y yo estoy todos los días pidiéndole a mi madre un iPone por capricho cuando Clara esta todos los días sola en su casa rezando para que cuando sus padres entren por la puerta traigan un paquete de arroz para comer un día más.

En ese momento empecé a llorar sin parar, mi madre muy preocupada vino corriendo hacia mí  y me preguntó qué me ocurría. Y sin pensármelo dos veces le respondí: “Mamá pase lo que pase, siempre juntas”.

Y directamente mi madre moviendo la cabeza me abrazó, esa simple palabra que siempre nos cuesta decir salió de mi boca: “Te quiero”

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