La habitación – C.S.P.

Me desperté en aquella habitación fría y tenebrosa iluminada únicamente por una leve luz, procedente de una bombilla. Todo lo veía borroso, no podía recordar nada ni de mí, ni de mi  familia, ni siquiera mi propio nombre. Estaba muy asustada, lo único en lo que podía pensar era como escapar de allí. Empecé a ver más claro y, entonces, me di cuenta que no había ventanas, las paredes eran de cemento; así que no podía oír nada de lo que ocurría fuera de allí. Vi una puerta enfrente mía, intenté abrirla, pero, como suponía, tenía un cerrojo. Todo estaba en silencio lo que me ayudó a pensar en cómo podía escapar de allí. De repente, empecé a escuchar unos pasos cada vez más y más cercanos. Entró un  hombre alto, de pelo oscuro, ojos azules y una cicatriz que le atravesaba el ojo. Yo me quedé mirándole y él también me miró,  pude ver en sus ojos una mezcla de ira, miedo y tristeza; soltó una bandeja con pan  y agua y, tan rápido como vino,  se fue. La verdad es que tenía mucha hambre, así que terminé la comida muy pronto. Seguí planeando cómo escapar de aquel lugar y llegué a la conclusión de que si me había traído comida era porque me necesitaba viva. Así que, tarde o temprano, el hombre de la cicatriz tendría que volver. Mi única opción era que cuando volviese con comida esperaría a que estuviese desprevenido y le daría con la bandeja en la cabeza, dejándolo inconsciente, y salir corriendo de allí. Empezó a entrarme sueño y me dormí profundamente (supongo que algún tipo de droga echaría en el agua).

Comencé a soñar, veía mucha gente ensangrentada y desesperada corriendo hacia un lugar que yo no alcanzaba a ver. Me di cuenta de que soy una de las personas que están corriendo, le estoy dando la mano a un niño pelirrojo y pecoso, ¡no puede ser, es mi hermano pequeño! -pensé angustiada-. Por fin, empecé a recordar, me llamaba Jennifer, mi hermano Michael, mi madre Helen y mi padre Charles. Entonces, me acordé de que había una guerra entre Inglaterra y Alemania; antes de que empezase la guerra, vivíamos en Boston, pero a mi padre le trasladaron  a Paigton por trabajo…

Me desperté llorando, imaginaba la preocupación y el desgarro de mi familia, bastante tenían ya con una guerra. De casualidad, metí la mano en el bolsillo del pantalón y encontré un reloj pequeño de oro, me quedé un poco sorprendida, cerré los ojos a ver si recordaba algo relacionado con ese reloj, entonces vi la cara morena de mi padre junto con la pálida de mi madre  y el reloj en sus manos entregándomelo y diciéndome: ”Jamás lo pierdas, es un reloj que el rey James I, rey de Inglaterra le dio a tu tatarabuelo, debía confiar mucho en él, porque ese reloj valía una fortuna tanto que el rey de Alemania mataba por él”. Me puse muy nerviosa, ya que me podían tener ahí por ese reloj, pero jamás se lo daría se lo debo mi padre.

El reloj funcionaba eran la siete, pero no sabía si era por la mañana o por la tarde. Otra vez empecé a escuchar los mismos pasos, supuse que sería el hombre de la cicatriz y estaba en lo cierto, le dije “hola”, pero no me contestó, soltó la bandeja y se fue .Pude ver un rastro de luz mientras tuvo la puerta, así supe que era por la mañana. El hombre vino una y otra vez así durante dos semanas, estaba empezando a perder toda esperanza, como siempre ese asqueroso hombre vino, soltó la bandeja (a estas alturas ya me parecía una rutina) pude ver que sólo había oscuridad tras él, una vez más le dije “hola” y otra vez pasó de mí  y se fue. Al menos sabía que era de noche, esta vez ni siquiera toqué la bandeja. Estaba muy cansada y me dormí muy pronto, empecé a soñar, vi la cara de un francotirador con un pasamontañas.

Cuando me desperté me toqué la cara y estaba sudando, pero entonces me di cuenta de que dos brillantes ojos me estaban observando, me acerqué, no me lo podía creer ¡era una rata¡ grité y el hombre de la cicatriz entró como si estuviera al lado de la puerta, dijo:

-¿Qué pasa?-preguntó con descaro.
-Que hay una rata.
-Bueno, ya la tengo adiós.
-Adiós, gracias.

Justo cuando se iba a ir alguien dijo algo y se fue corriendo, cerró la puerta, pero no el pestillo; era mi oportunidad de salir de aquella maldita habitación. Espere un poco, abrí la puerta y había un largo y oscuro pasillo, giré a la derecha y empecé a correr como nunca lo había hecho. Bajé por una escalera y me choqué con el hombre de la cicatriz, me miró y me dijo:

-No soy alemán.

Me hizo una seña para que le siguiese y me dio una pistola. Seguimos recto, giramos a la izquierda, abrió una puerta y por primera vez en dos semanas pude ver la luz del sol, al principio me molestaba mucho, pero poco a poco me fui acostumbrando; miré hacia el horizonte y sólo vi edificios derrumbados. Empezó a correr hacia lo que parecía ser un refugio y le seguí. Cuando llegamos vi a más gente que me miraba con mala cara y empecé a ponerme nerviosa. El hombre de la cicatriz se dio la vuelta, me miró y dijo:

-Me llamo Alex, no soy ni alemán ni inglés, soy americano.
-Yo también soy americana.
-Pues mejor, dormiremos aquí, pero mañana nos iremos a las seis.
-¿Por qué nos tenemos que ir?
-Porque se darán cuenta de que no estoy y revisarán tu celda, porque yo soy quien te traigo la comida, y si nos encuentran nos matarán.
-Vale.
-Este refugio es el norte A y mañana iremos al noroeste C. Toma una metralleta a parte de la pistola por si acaso, pero no la pierdas.
-Creo que no me hará falta.
–Dormirás en la habitación B6 y yo en la C45.
-Entendido, hasta mañana.
– Hasta mañana.

Me costó encontrar mi habitación, pero al final lo conseguí. Cuando llegué me tumbé en la cama, me dormí y a la mañana siguiente…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *