La venganza – J.C.G.

Cuando lo levanté lo tuve claro, el cuchillo así chorreando, otra vez había vuelto a las andadas.

Como antaño mi mente no recordaba nada, estaba muy cansado y lleno de sangre; no podía volver al loquero, tenía que huir de aquel matadero, pero primero tenía que descubrir donde estaba y como era de noche, no se veía nada desde la ventana y lo primero que se me ocurrió fue coger el móvil  pero no sabía dónde estaba, así que curioseé por la casa para buscarlo o alguna pista que me dijera donde me encontraba; tenía dos plantas, decidí en primer lugar investigar la superior y tras un rato deambulando por allí no encontraba mi teléfono, pero vi un armario lleno de ropa y dije –voy a cambiarme, no pueden verme así.

Mi cansancio se multiplicaba por segundos y mientras estaba bajando las escaleras para seguir con la inspección de la planta baja de la casa, se me estaban cerrando los ojos poco a poco y me desmayé; me desperté a la mañana siguiente debajo de las escaleras, me incorporé y miré por la ventana, ya que la noche anterior no se veía nada por culpa de la oscuridad, y observando el paisaje desértico que me rodeaba, vi mi móvil tirado a unos metros de la puerta de la casa; también se podía apreciar cómo se acercaba una tormenta de arena a una gran velocidad así que fui a recogerlo lo más rápido que pude, mi adrenalina estaba a cien, la tormenta estaba cada vez más cerca; cogí el teléfono y corrí lo más rápido que pude al interior de la casa, y en el instante en el que cerré la puerta se escuchó un fuerte estruendo: el impacto de la arena en toda la casa; notaba como mi corazón me iba a explotar; antes de mirar el teléfono respiré profundamente para tranquilizarme; lo encendí y… ¡No recordaba el patrón!, y si pulsaba todos los botones a la vez se encendería, pero se resetearía, y la información que pudiera almacenar la perdería; pero si lo reseteaba podría acceder al móvil y podría llamar a la policía, aunque existía la posibilidad de que no hubiera señal; tras un rato pensando qué hacer decidí resetearlo y tras unos minutos estuvo disponible, lo desbloqueé y lo primero que hice fue que mirar si tenía señal y… ¡No tenía!, sin embargo me alegré puesto que si llamaba a la policía me detendrían.

Me dispuse a investigar la planta baja de la casa mientras la tormenta de arena seguía su curso, pero escuché un coche a lo lejos, lo cual me daba a entender que se aproximaba, ya que no había nada en aquel lugar, así que cogí un cuchillo, me escondí y esperé a ver qué pasaba; y efectivamente el coche paró muy cerca de la casa, supongo que la persona que conducía lo hizo para que la tormenta le afectara lo menos posible.

Abrió la puerta con una llave de la casa, por lo que seguramente sería familiar de las personas  que vivían allí. Vi una mujer, esperé a que cerrara la puerta, pegué un brinco y le di una tajada en el cuello; ésta no paraba de echar sangre por todos lados ¡le di otra cuchillada y otra y otra, hasta que se quedó tendida en el suelo sin dar señal de vida! Me vine abajo, me puse a llorar no sabía qué hacer, estaba perdido, pero sabía que si seguía llorando no iba a solucionar nada, chequeé los bolsillos de la mujer, tenía una cartera con tarjetas, fotos de las personas de la casa, pero no tenía ni un duro, también tenía un móvil, lo encendí y no tenía patrón, no tenía nada más. Antes de seguir curioseando el móvil, decidí  esconder todos los cuerpos juntos, cogí a la mujer y la llevé donde los demás y al verlos a todos juntos me dio un escalofrío. No le di importancia. Volví donde había dejado el móvil y me senté enfrente de él a pensar que podía hacer y tras un rato pensando me acordé del coche, así que volví donde había dejado a los habitantes de la casa, para volver a cachear a la mujer en busca de sus llaves, pero al llegar… ¡No había nadie! Me puse muy nervioso no podía respirar sentía como si me estuviesen ahogando, parpadeé y ya no me pasaba nada; tenía mucho miedo, así que fui corriendo a por el móvil; ya no estaba, fui a la planta baja de la casa, la cual no la había investigado aún, me asomé y no había luz, no quería entrar pero escuche madera crujiendo del techo, bajé las escaleras sin pensármelo y en cuanto me alejé de la puerta, se cerró sola, me caí del susto, había algo que me impedía moverme. Escuchaba risas de muchas personas a la vez, de repente se hizo el silencio, se escuchaban pasos que venían hacia mí y cuando parecía que estaban al lado mía, se encendió una luz muy tenue y no había nadie; estaba traumatizado nada volvería a ser igual. Me estaba acordando de todas las personas que había hecho desaparecer a lo largo de mi vida, y me dije: –No puedo seguir viviendo con esta culpa sobre mí.

Me senté en una silla que había por allí. Aquello estaba lleno de trastos. Había cuerdas, “creo que la cogeré”… Empecé a acordarme de algunas personas las cuales no reconocí en el momento, pero al poco tiempo me di cuenta de quienes eran: mi mujer y mi hijo. Esto me dio fuerzas para no cometer una locura y mientras intentaba borrar de mi mente los malos pensamientos, se apagó la luz. Otra vez  las risas, y otra vez los pasos  hacia mí; se volvieron a parar al lado de mí. Una voz muy débil dijo algo que no logré entender, la voz repitió lo mismo varias veces hasta que se hizo el silencio, estaba muy asustado, y de repente escuché un grito: “¡TENDRÍAS QUE HABERTE ACORDADO ANTES DE ATARTE LA CUERDA AL CUELLO!”.

La silla salió volando y la cuerda me ahogó hasta la muerte.

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