Relato sin título – JMF

Me desperté en aquella habitación. No puedo recordar exactamente cuándo inició, pero mi aprensión hacia recuperar el sueño parecía corresponder con haber sido trasladado a una habitación propia. Tenía doce años entonces, y hasta ese momento había compartido una habitación con mi hermano mayor, se llama Carlos. Como es perfectamente comprensible para un niño cinco años mayor que yo, finalmente acabo pidiendo una habitación para él solo y, como resultado, me entregaron la habitación en la parte de atrás  de la casa.

Mi nueva habitación era una habitación pequeña, estrecha, y sin embargo extrañamente alargada, lo suficiente como para tener una cama y un par de muebles, pero no mucho más. Realmente no podía quejarme, incluso a esa edad, comprendía que no teníamos un hogar grande y no tenía ningún motivo para estar decepcionado, puesto que mi familia era tanto amorosa como protectora. Fue una infancia feliz, durante el día, me iba con mis vecinos a hacer deporte y por la noche, salía al centro con mis amigos del colegio.

Una ventana solitaria daba a nuestro precioso jardín trasero, nada fuera de lo normal,  pero incluso durante el día la luz que se colaba en esa habitación era inmensa.

Mientras que mi hermano recibió una nueva cama, a mí me dieron la antigua, que mi hermano no quería. Aunque me sentía mal por tener que dormir a solas, estaba emocionado ante la idea de poder dormir en la cama de mi hermano (antigua) porque recuerdo la viejos tiempos.

Siempre solíamos ir al parque juntos pero ahora que se ha hecho mayor, no quiere porque piensa que sus amigos si le ven con un niño chico (yo) se iban a reír de él y por eso ya no le gustaba salir conmigo.

Al día siguiente, cuando fui al cole, A la hora del patio, como no había cogido almuerzo de casa, me compré un bocadillo en el bar y me fui con mis amigas al patio, le di un mordisco al bocata y noté que algo se movía dentro de mi boca y escupí rápidamente, ¡era un gusano! Menudo asco me dio, regresé al bar y me quejé. La mujer que estaba detrás de la barra me dijo que era imposible que tuviera un gusano en mi bocata y que habían sido ilusiones mías, pero yo estaba segura de lo que había visto, y además mis amigas también lo vieron.

Al día siguiente cuando fui al bar de nuevo, me dijo: hoy te voy a invitar a un refresco porque creo que lo pasaste mal ayer, perdona. Me tome el refresco y al rato cuando entrábamos a clase ocurrió una cosa muy extraña, que  mi mejor amigo me empezó a insultar y a despreciarme.

Cuando quise darme cuenta era  muy tarde y estaba lejos de casa. No sabía cómo había llegado hasta esta parte de la ciudad Se trataba de una zona marginal con todos los males que nuestra sociedad nos brinda. Tenía una mezcla de miedo y resaca  Comencé a andar más rápido para salir de allí cuanto antes y a unos metros de mí escuché una gran carcajada seguido de una voz que se acercaba pero no acerté a entender lo que decía. Yo ya no andaba, corría a lo largo de la calle pero esa voz cada vez estaba más cerca y no me atrevía a mirar atrás, tuve valentía y me gire y de repente vi a un hombre vestido de negro que me perseguía y empecé a correr hacia cualquier sitio sin tener en mente a donde tenía que ir ni si me esperaban en casa, tenía mucho miedo, llegue hasta un callejón sin nadie, ahí fue donde pude esconderme de la persona que me buscaba, Él paso por ahí fueron los peores segundos: mi corazón latía a más no poder pero se me pasó cuando paso llegué  a mi casa a llamar a la Policía. En unos minutos encontraron a mi perseguidor tirado en el suelo bebiendo.

Cuando llegue a mi casa, le conté a mis padres lo ocurrido, y me dijeron: “Gracias a Dios que no te han cogido” y que también debía andar con cuidado por la calle.

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