Sin título – P.L.V.

Cuando lo levanté, lo tuve claro. Aquel era el retrato de Cus D’Amato (entrenador de Floyd Patterson y Mike Tyson entre otros), ese retrato tan sucio y estropeado estaba dentro de uno de los cofres de madera oscura donde mi abuela guardaba las fotografías más importantes que obtuvo en su larga vida. Ella siempre me decía: “Una foto es el resumen de una experiencia vivida”. Pues sí que ha vivido experiencias, tenía cuatro baúles llenos de cosas que conseguía en todos tus largos viajes por todo el mudo.

Ese retrato era muy especial por qué había sido firmado por la WPBF en la que mi abuelo participo.

La Federación Mundial de Boxeo Profesional le dio una beca a mi abuelo cuando tenía 12 años. Decían: “Este muchacho tiene un don especial para el boxeo”. Aceptó la beca y tuvo que abandonar su pueblo para poder cumplir su sueño. Ese sueño no duró mucho: a los 3 años de llegar, le tuvieron que amputar el brazo izquierdo por un accidente de tráfico en el que fallecieron cuarenta y cinco personas que viajaban en autobús y su madre. Eso fue un golpe tremendo para el joven prometedor quien no volvió a pelear más.

Guardé la foto en el bolsillo derecho y salí lo más rápido posible de la casa, corrí hasta poder ponerme a salvo de los muertos vivientes. “Aquí sobrevive el más rápido”. Entré en un supermercado cuyas paredes estaban agujereadas por balas, cogí todas las cosas para hacer un fuego, alimentarme, hidratarme y poder protegerme hasta que amaneciese. Agarré todas las cosas como pude y me dirigí a un lugar donde pudiese crear el campamento.

Esa noche no pude dormir bien a pesar de estar protegido, miraba al cielo y pensaba en toda la gente que había perdido. Sabía lo que hacia: “Si te quedas apartado, arriesgas tu vida, incluso si bebes agua, arriesgas tu vida, y ahora si respiras, arriesgas tu vida”, por eso siempre tenia el máximo cuidado posible y evitaba los lugares cerrados. Siempre iba armado y muy atento.
Sabía que de un momento a otro todo se podía ir al traste, todo por lo qué luchaba día a día podía perderlo.

El día que me quede solo no podía creerlo, no sabia como reaccionar, me ponía a pensar y siempre llegaba a la misma conclusión: “No puedes pensar para siempre… tarde o temprano te deberás mover”.

Antes de que todo empezase, no me daba cuenta de muchas cosas, pero ahora sé que tengo que moverme para conseguir cosas. “Si hay algo seguro en esta vida, si la historia nos ha enseñado algo, es que se puede matar a cualquiera’’. Siempre estoy y estaré dispuesto a dar caza a aquel que quiera hacerme daño.

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